Encuestas

Las abejas están desapareciendo, ¿Cuál piensa que es la causa?

 

Lo sentimos.

No podemos contestar a todos los correos que nos envían, somos apicultores, y las abejas necesitan nuestros cuidados.

Miel Sabinares del Arlanza
C/ El Berrral, s/n.
09640 Hortigüela, Burgos.


El Género Humano y su dependencia del reino vegetal.

Ecología.

Por Florencio Chicote, director de la revista EL ZÁNGANO.

FOTOCampos de cultivo castellanos.

Campos de cultivo castellanos.

© mielarlanza.com

Sin las abejas, muchas de las producciones agrícolas no existirían o se mantendrían con unos rendimientos muy por debajo de los actuales y con unos frutos de unas calidades muy inferiores a las normales. Tal es el caso de casi todos los cultivos de frutas, verduras y semillas. Lo mismo puede decirse de gran variedad de especies vegetales a las que no prestamos atención, ya que no producen una rentabilidad económica inmediata o que ignoramos esta rentabilidad, pero que, no obstante, son de un alto interés ecológico. Son plantas de gran valor en los ecosistemas por su responsabilidad en cuanto a la producción de oxígeno, regeneración de la atmósfera, propiciatorias de las lluvias, evitadoras de la erosión de los suelos, barrera contra la desertificación...

A todo lo dicho viene a sumarse el hecho incuestionable de que gracias a toda esta vegetación, sostenida en gran medida por las abejas, existe toda una fauna, con su enorme variedad de especies, que nos proporcionan carne, leche, huevos, lana, pieles...

FOTOCampos de girasol.

Campos de girasol.

© mielarlanza.com

Nadie ignora que el género humano se sostiene, no gracias a los artilugios mecánicos o a los preparados químicos que salen de las modernas factorías industriales, sino a los productos del campo, ya sean vegetales o animales. La humanidad ha subsistido durante decenas, centenas de milenios sin hacer uso alguno de todos esos productos industriales que hoy nos parecen absolutamente indispensables para la vida, olvidando hoy, a principios del siglo XXI, que lo único verdaderamente vital es nuestra alimentación y nuestro vestido, todo lo cual sale de la madre tierra, es decir, de los nobles frutos de la tierra como son las plantas. La carne que consumimos es materia vegetal transformada por ovejas, vacas, gallinas, etc. Incluso el pescado es tributario de las especies vegetales, cuyas sustancias son transportadas por los ríos hasta los mares, donde sufren nuevas transformaciones para que sean debidamente aprovechadas por las especies marinas para su nutrición.

En nuestros días, dado el alto grado de intervención del hombre en todos los procesos naturales de los reinos vegetal y animal, basado en la introducción de productos químicos que hacen aumentar las producciones, se debilitan las defensas naturales de todas y cada una de las especies, dejándolas a merced, para su subsistencia, de los productos químicos de los laboratorios, con lo que se cierra el ciclo insensato creado por el hombre y a todas luces atentatorio contra el mundo natural en el que nos ha tocado vivir. En esta dinámica se halla insertada también la actividad apícola, pues las abejas, después de la aparición de determinada enfermedad en la década de los años ochenta, no pueden subsistir por sí solas, estando necesitadas absolutamente de la ayuda del apicultor.

FOTOSierra de la Demanda.

Sierra de la Demanda.

© mielarlanza.com

La polinización de las plantas a cargo del viento, de algunos insectos y principalmente de las abejas, sigue siendo, hoy por hoy, un proceso natural. Esperemos que por siempre, aunque con las previsibles futuras técnicas de ingeniería genética no sabemos hasta cuándo esto será así.

Con los actuales intercambios comerciales y el consiguiente tráfico de plantas, semillas y especies animales, desaparecen las barreras naturales (cordilleras montañosas, desiertos, mares y océanos), convirtiendo a todo el globo terráqueo en un cajón de mezclas, donde se entremezcla todo lo bueno y todo lo malo (más lo malo que lo bueno) a una velocidad vertiginosa, con lo que se transmiten todo tipo de enfermedades y patologías.

Con todo lo expuesto, queda claro que para que la humanidad pueda subsistir, es necesario que haya gran diversidad de especies animales y vegetales, muchas de las cuales no pueden perpetuarse sin el concurso de las abejas, y que éstas solamente continuarán en la Tierra con los cuidados del apicultor.

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